Irantzu Varela: “El feminismo y la lucha LGTBI ya eran grandes enemigos de los fachas, pero el veganismo se está poniendo a la altura”

Irantzu Varela acaba de publicar su primer libro, Lo que quede (2024). Es escritora, pero también feminista, antifascista, gorda, lesbiana, lista y de izquierdas. Así se autodefine; “soy todo lo que odian”, dice “no pueden controlarme a su antojo, ni hacerme mansplaining, ni seducirme”. Su libro es un recorrido desde la Irantzu incapaz de reconocer las violencias que atravesaban su cuerpo y los de tantas otras, hasta la feminista que se ha abierto paso hasta el foco para señalar esas violencias y condenarlas. También hace activismo en redes sociales, donde es idolatrada y objeto de insultos sin censura a partes iguales. Por si no tenía poco, ha empezado a hablar, aunque sea con modestia, de antiespecismo, y sabe muy bien dónde se mete.

Cuéntanos, para quien no lo haya leído todavía, ¿qué encontramos en tu nuevo libro? ¿A quién se lo recomendarías?

Lo he acabado definiendo como un relato de cómo se han convertido algunos dolores en reparación y en rabia transformadora, y va de cómo alguien pasa de vivir violencias a estar bien, tranquila, feliz. Yo se lo recomendaría, en principio, a cualquiera, pero sobre todo a la gente, y, especialmente, a las mujeres que sepan que han vivido violencias y que estén preparadas para desinfectarlas y sanarlas. 

La estructura del libro es inusual, rompedora… ¿Se debe a que has escrito para ti, sin intención de publicar, o ha sido buscado?

En el momento en el que tuve claro que algunas cosas de las que había escrito iban a ser un libro, fue cuando pensé que necesitaba una estructura. En mi cabeza todo tiene sentido, pero no soy una persona de pensamiento estructurado, por eso pensé que necesitaba una estructura para no hacerle trampas a las lectoras, para acotar las visiones, los temas y las tres voces que narran esta historia. También necesitaba esa estructura para saber cuándo terminaba, porque es difícil saber cuándo has terminado un libro de autoficción, porque siempre le añadirías o profundizarías algo.

Además, me parecía interesante saber que la gente lo puede leer, aunque suene un poco a señora mayor, como un Elige tu propia aventura. Yo era una niña de clase obrera de Basauri y no había muchos libros en mi casa, por lo que los que había me los he tenido que leer varias veces esperando a que llegaran nuevos; para mí, eran geniales porque nunca era repetido. Por eso me gusta la posibilidad de que la gente lo lea tanto principio a fin, que está perfecto, como, por ejemplo, por números.

En tu libro se ve muy claro que militas en muchas luchas. ¿Lo haces por activismo, porque realmente quieres, o te ves forzada a hacerlo para poder vivir tranquila? 

Yo no soy mucho de diferenciar eso. Hace tiempo que no tengo tiempo de militar en asambleas semanales, etcétera, pero estoy metida en muchas reivindicaciones y luchas porque lo necesito para vivir; me cuesta un montón permanecer pasiva ante las injusticias. En algunas puedes hacer algo activamente, y con otras, por lo menos, participar en los mecanismos de denuncia. Para mí es mi forma de vivir, se me haría muy raro tener una vida de 09:00 a 17:00 y después apuntarme a luchas; seguramente es un privilegio, pero intento que todo lo que hago sea un paso, aunque sea mínimo, hacia el mundo con el que sueño.

En tu libro, hablas sobre muchos tipos de violencia, e incluso haces guiños a la que sufren los animales no humanos, pero en las entrevistas que te han hecho, no te preguntan sobre antiespecismo. ¿A qué crees que se debe? 

Yo diría que el antiespecismo es una lucha que todavía no está lo suficientemente popularizada como para que la gente pregunte sobre ello. Aparte, evidentemente, yo no soy una referente del antiespecismo; es una lucha que siempre me ha parecido fundamental, pero estoy aprendiendo. Me interesa y en la medida de lo posible me implico, pero no creo que nadie me pueda tener como referente porque tengo mucho que aprender. También entiendo que igual es un tema que no está todavía en la agenda de todos los medios, pero ojalá esté pronto. 

¿Cómo llegaste al antiespecismo?

No sé describir la llegada a las luchas que me interpelan en un momento puntual, pero tengo claro que un momento clave fue la visita de Angela Davis a Euskal Herria, que para mí es una referente impresionante de lucha de clases, antirracismo y feminismo. Ella tiene unos planteamientos antiespecistas trabajadísimos; dejó claro que es la lucha del futuro, y a mí eso me interpeló y me dio mucho que pensar. Luego, tuve la posibilidad de leer sobre el tema haciendo vídeos para El tornillo, y leí bastante, sobre todo, a Catia Faria, que me parece una referente impresionante. Y luego, afortunadamente estoy rodeada de personas concienciadas con esta lucha, que me han ayudado mucho. Es como casi todas las luchas, alguien te interpela, empiezas a buscar, y te das cuenta de que estás rodeada de gente que sabe bastante de esto.

Angela Davis dejó claro que el antiespecismo es la lucha del futuro,
y a mí eso me interpeló y me dio mucho que pensar

 ¿Tuviste dudas sobre si incorporar guiños al antiespecismo en tu libro? 

No soy una referente del movimiento antiespecista porque sería una ridícula si lo hiciera, pero, en la medida de lo que puedo, me parece una lucha justísima, y creo que integraría estas alusiones en el libro de una manera muy orgánica. En general, no he hecho un esfuerzo por meter reivindicaciones, es lo que tengo en la cabeza, y ahora mismo, si puedo, te como la oreja para que no cenes ningún alimento de origen animal; si estamos a otra cosa, no, pero si puedo, te como la oreja. 

Las personas antiespecistas o veganas también sufrimos violencia por el simple hecho de serlo: insultos, menosprecio, etcétera. ¿Qué reflexión haces sobre ello?

Yo he empezado a seguir a cuentas veganas y me he dado cuenta de que ahora mismo son el gran enemigo de los fachas. No tanto el antiespecismo, porque les resulta complicadísimo de entender, sino el veganismo. Por supuesto, los grandes enemigos de los fachas son el feminismo, y, por supuesto la lucha LGTBI, pero de repente el veganismo está a la altura de estas. Yo he notado, que como se me ocurra poner “porfa no comais animales” o algo antitaurino, por ejemplo, recibo ataques completamente desproporcionados. Lo mismo les pasa a cuentas que sigo. Me parece que el antiespecismo es una lucha que interpela mucho a tus prácticas individuales, pero la mayoría de la gente vegana que yo veo hace el mínimo proselitismo. Las cuentas que yo sigo lo que dicen es “mira que cosa vegana más rica me he comido”. Aun así, yo creo que les interpela a la altura del feminismo o de la lucha LGTBI, porque es algo que te cuestiona tus hábitos de vida.

Insultan el veganismo;
el antiespecismo les resulta complicadísimo de entender

Para irnos a algo concreto, hace un par de años hice un vídeo sobre antiespecismo, que era muy general, pero me escribió un montón de gente, incluso conocidas que nunca me habían escrito ni para bien ni para mal sobre ningún tema, y de repente eran grandes defensoras de la ganadería y de la carne. Noté cómo se sintió incómoda gente que comparte conmigo otras luchas, como el feminismo, etcétera; les pareció que les estaba atacando, o al menos que les interpelaba.

¿Es más fácil hacerle frente a un insulto especista que a uno, por ejemplo, lesbófobo o gordófobo por no ser nosotras el sujeto político de la lucha?

No sé si es más fácil, pero, por lo que yo he visto, el nivel de insulto es bastante cutre. Los ataques se basan en poner fotos de chuletones. Igual es precisamente porque es una lucha que todavía no está en la agenda mainstream, y no se han armado con los “argumentos” que sí han buscado para responder al feminismo y a otras luchas. En los insultos al veganismo no hay elaboración, pero no creo que sea por el sujeto de la lucha, porque por ejemplo, yo no soy un sujeto de la lucha antirracista y el nivel de brutalidad es tremendo, y no siempre me resulta sencillo responder. Comparados con los insultos y “argumentos” que sufren otras luchas, los de la gente especista son muy básicos, la gente taurina da hasta penica, luego ya piensas en lo que hacen y se te pasa, pero al responderles yo me siento una abusona. Pero bueno, ellos son abusones con los animales. Entonces, pienso, “si robar a un ladrón son cien años de perdón”, entonces, abusar de un abusador no es opresión. 

El nivel de insulto contra el veganismo es bastante cutre, contra otras luchas desarrollan más

Para terminar, por desgracia, tengo un tema de actualidad, el conflicto Palestino. El Estado de Israel está masacrando a un pueblo, utilizando a un ejército que incluye mujeres soldado; es decir, está aprovechando el empoderamiento femenino para exterminar. ¿Cómo es posible que unos valores bélicos tan brutales hayan calado en una sociedad como la israelí, que se hace llamar feminista, LGTBI friendly…? 

El estado israelí es la máquina de propaganda más inhumana del mundo, pero espero que no tengan la desfachatez de considerarse feministas. Son el único estado que se considera democrático en el que la ciudadanía es étnica y que tiene la tortura incluida en su constitución. En mi opinión, no puede ser considerado ni un estado democrático; lo que son es una máquina de propaganda. Han ondeado el homonacionalismo, que es utilizar la supuesta libertad de las personas de la comunidad LGTBI para hacer propaganda de su patria, mientras el matrimonio igualitario allí está prohibido, al igual que los matrimonios entre personas de distinta religión. Ahora, lo que están haciendo es plantear la participación de las mujeres en el ejército como un avance hacia la igualdad. Eso no tiene de feminista absolutamente nada. Esas mujeres creen que son feministas, pero están asesinando de las maneras más atroces y están siendo cómplices de sus compañeros que violan a niñas menores y luego las entierran vivas solo porque son palestinas. Imagínate lo que opino yo de lo feministas que son.

Está quedando muy claro que son capaces de hacer propaganda de lo que sea, porque es un estado que no tiene ningún tipo de conciencia en lo más absoluto ni respeto por la dignidad humana. Lo que pasa es que la agenda feminista ha tenido tantos avances que ya forma parte de lo que podemos denominar sentido común. Hablo de creencias que hasta hace poco eran reivindicaciones feministas, y ahora, todo el mundo, incluidos los fachas de todos los colores, intenta apropiarse del discurso del empoderamiento de la mujer para su propia propaganda, pero apesta.

La agenda feminista ya forma parte de lo que podemos denominar sentido común, y ahora, todo el mundo intenta apropiarse del discurso del empoderamiento de la mujer para su propia propaganda

 

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